11/05/09

Cuentos de un invierno


(Procedencia de la imagen)

De este libro de cuentos de Manuel Rivas, yo elegí este fragmento de "El partido de reyes" (p. 98).


Iba a meter un gol, con el monstruo derrumbado a sus espaldas y un halo de luz que se refractaba en la camiseta de Grúas Ferreiro. Lento, lentísimo. El resto, espetados como esfinges de terracota. Pero entonces fue cuando noté una corriente de frío en las turbas del cerebro, que replegó la planta de la emoción. Un presagio. Un fatídico presagio.

No pasar nunca la raya. Nunca.
Los personajes principales de este cuento son el propio narrador y el protagonista, un chico con síndrome de Down. El lugar es Galicia, en concreto sitios conocidos de A Coruña.


Berta Pallarés.

08/05/09

Cuentos de un invierno



Yo he seleccionado un fragmento de uno de los cuentos de "Cuentos de un invierno" de Manuel Rivas (Edit. Alfaguara). El fragmento seleccionado pertenece a "El cartero de Papá Noel".



"El cartero de Papá Noel" cuenta la historia de un traficante de drogas que el día de Noche Buena está trabajando en unos grandes almacenes, en el papel de Papá Noel. Le había robado a su jefe parte de la droga, por eso le están persiguiendo. Al salir de los grandes almacenes huye por carretera, y en el último momento por mar.





Mi selección:



Su mente estaba trabajando. Tramaba. Estaba seguro de que en la puerta de salida del personal habría algún gorila del capo Ciempiés para seguirlo y mantener una cálida sesión de "amistades" a tortazo limpio. Su única ventaja era que ellos no podían sospechar cuál era el escondite de la preciosa mercancía.


Se levantó como un resorte, ató el saco con energía, lo abrazó como un tesoro y se metió entre la multitud que abandonaba los grandes almacenes como si huyese del incendio de los relojes. Nadie pareció fijarse en él. Era la hora de pirarse para todos. También para el cartero de Papá Noel.


Se subió al coche en el aparcamiento y salió zumbando. Puso el radiocasete. Aquella era la canción de Roy Orbison que lo había venido acunando desde hacía días.



Trabajando todo el día
y el sol no brilla.



¡El hijo de puta de Ciempiés! Él está podrido de dinero y monta esta comedia por unos kilos de mierda. Toda la vida jugándome el pellejo por él.





El cartero de Papá Noel (p. 110)
Guillermo Sotillo

08/02/09

La dama del alba. Peregrina y Angélica



(Hay un nuevo silencio. La PEREGRINA está sentada de espaldas al fondo, con los codos en las rodillas y el rostro entre las manos. Por la puerta del fondo aparece furtivamente una muchacha de fatigada belleza, oculto a medias el rostro con el mantellín. Contempla la casa. Ve a la PEREGRINA de espaldas y da un paso medroso hacia ella. La PEREGRINA la llama en voz alta sin volverse.)
PEREGRINA: ¡Angélica!
ANGÉLICAR: (Retrocede desconcertada) ¿Quién le ha dicho mi nombre? (La PEREGRINA se levanta y se vuelve) Yo no la he visto nunca.



Esta escena del libro La Dama del Alba es mi elegido para este ejercicio ya que me parece una parte clave de esta historia.
Da pena, ya que después de 4 años desaparecida, pensando todos que había muerto, Angélica regresa deseando volver a ver a su familia a la que tanto daño hizo.


Lorena Pereira, 3º ESO

La dama del alba. Seleccionamos fragmentos.


QUICO. Me dijeron que tenía que hablarme.
ADELA. ¿Y cuándo no? La yerba está pudriéndose de humedad en la tenada, la maquila del centeno se la comen los ratones y el establo sigue sin mullir. ¿En qué está pensando hombre de Dios?
QUICO. ¿Yo? ¿Yo estoy pensando?
ADELA. ¿Por qué no se mueve, entonces?
QUICO. No sé. Me gusta oírla hablar.
ADELA. ¿Necesita música para el trabajo?
QUICO. Cuando canta el carro se cansan menos los bueyes.
ADELA. Mejor que la canción es la aguijada. ¡Vamos! ¿Que espera? (Viendo que sigue inmóvil.) ¿Se ha quedado sordo de repente?
QUICO. (Dando vueltas a la boina.) No sé lo que me pasa. Cuando me habla el ama, oigo bien. Cuando me habla Telva, también. Pero usted tiene una manera de mirar que cuando me habla no oigo lo que dice.
ADELA. Pues cierre los ojos, y andando, que ya empieza a caer el sol.
QUICO. Voy, mi ama. Voy.
(Sale lento, volviéndose todavía desde la puerta del corral. FALÍN vuelca con estruendo una caja de lata llena de botones.)
Acto III: pp 51-52

En este pequeño fragmento de la obra se muestra el amor de un criado hacia su ama. Adela, a pesar de tener buen corazón, se dirije a Quico de manera muy fría y, tal vez, un poco con aires de superioridad ante las bonitas, y a la vez sencillas palabras, que le dirige Quico con admiración.
También se muestra la valentía del muchacho al acercarse a ella de ese modo, a pesar de ser su ama. Aún así, Adela se dirige a él en todo momento recordándole sus tareas, lo tarde que es, rechazándolo e, incluso, con algún "vacile" como da a entender la frase: ¨¿Necesita música para trabajar?".
Miriam Veiras, 3º ESO

07/02/09

El secreto del fuego



La protagonista de esta historia vive con su familia en un poblado del que se tienen que marchar porque es arrasado por los bandidos. Asentadas su madre, su hermana y ella en otro lugar, un día pisa una mina. Su hermana muere y ella pierde las dos piernas.

El título tiene relación con el contenido porque Muacena, una mujer mayor que murió en el asalto de los bandidos, le había enseñado a ver en las llamas del fuego a las personas que le pertenecían, estuvieran muertos o vivos, vivieran lejos o cerca.

Un capítulo que me dejó confusa fue el del final, en que Sofia se encontraba en la choza de Totio y le traen una tela blanca de seda para hacer un vestido para una niña de su talla. La tela, al parecer, se la había dado una señora mayor. Ella enseguida relacionó ese hecho con el vestido que había confeccionado para Maria, su hermana.

El autor cuenta de tal manera la historia que la acerca al lector, una historia triste, que refleja el sufrimiento de una niña que debe arreglárselas sola para salir adelante, también la inseguridad de las minas, el duro trabajo, los malos momentos vividos al perder a seres queridos, la felicidad de poder trabajar en lo que le gusta...

Una obra para todo tipo de lectores, adolescentes o adultos.


Arantxa Muíños, 4º ESO.

02/02/09

Caperucita en Manhattan


Sara Allen es una niña que vive en Manhattan y tiene una serie de cualidades que le permiten anticiparse a los demás o comprender ciertas cosas que otra niñas de su edad no comprendería.

Como Caperucita lleva un abrigo largo de color rojo. Visitaba a su abuela y le llevaba una cestita con una tarta de fresa. Un día, a causa de la muerte de un pariente, tiene que ir sola hasta la casa de su abuela y por el camino se encuentra con Mr. Woolf.

La novela presenta una serie de elementos fantásticos como la supuesta Mss Lunatic o Mss Bartholdi, una mujer que aconsejaba a los demás, que siempre decía que no había que tener miedo a las ideas y opiniones, y que pensaba que no se debía nunca perder el tiempo. Era la Estatua de la Libertad. De día vivía en el interior del monumento. De noche paseaba por todos los barrios de Nueva York.

Edgar Woolf es el dueño de la famosísima pastelería "El Dulce Lobo", que está buscando la receta maravillosa de la tarta de fresa. Sara le envía a casa de su abuela, y mientras tanto ella recorre en una limusina las calles de Nueva York...
Ángel Varela, 4º ESO

El final de la inocencia



Novela realista, situada en Sudáfrica. Aparece reflejado el conflicto entre dos razas. También es una novela "cruda".

La protagonista de la historia tiene una manera distinta a las demás personas de ver el mundo. Cada noche se sienta en las rodillas de un criado negro para que este le cuente historias. A la casa llega una familia de gitanos australianos que tiene dos hijos, uno de ellos deficiente. Emily, la protagonista, se hace amiga de uno de esos niños. Ella le enseña cosas de su vida y al revés.
El final es trágico.
Pablo Seoane, 4º ESO.